26 enero 2011

Florencia en diciembre


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El día 6 nos levantamos y tras la ducha, desayuno… Nos vamos a la estación de tren. Hace un frío que pela. 
De Bolonia a Florencia en tren. La enorme estación de Bolonia.
Después de algunos líos con las máquinas expendedoras (unas no aceptaban dinero, otras no aceptaban nuestras tarjetas…) por fin dimos con una máquina que nos vende un billete en tren regional a 6,90 € el trayecto a cada uno… esa cantidad nos pareció más razonable que la cifra que nos salía la noche anterior. La máquina nos larga dos billetes en los que pone BOLOGNE CENTRAL-FIRENZE SANTA Mª NOVELLA a las 10:09 horas. Miramos el panel luminoso para dar con la vía y el que sale a esa hora no llega a Firenze, sino a Prato ¿ein, dónde está eso? Miramos en un panel no luminoso y vemos que Prato es el destino final del tren que sale a las 10:09 y que no llega a Firenze ni pasa por ella; joer ¿qué hacemos? ¿lo cogemos?. La hora estaba llegando y había que decidir lo que fuera. Aparece un señor uniformado de ferroviario. Le preguntamos, el señor nos aclara que tenemos que coger ése, bajarnos en Prato y coger otro allí mismo hasta Florencia. Eran las 10:05 y el tren llevaba parado en una vía que estaba en la gran puñeta un montón de tiempo. Cuando el hombre nos dio la información trincamos la maleta y a correr se ha dicho. Llegamos sin matarnos en las bajadas y subidas de las escaleras, nos montamos y aún tardó un ratillo en salir.
Aparte de la diferencia de precio entre el tren de alta velocidad y el regional está la diferencia de tiempo. El alta velocidad llega en 40 minutos y el regional 2 horas contando el transbordo de Prato. El que tenga prisa por llegar que pague 96 € por dos billetes, pero yo que voy sin bulla pago 27 € y tan contenta con el ahorro.
Otra peculiaridad de la estación de tren de Bologna es que se compone de tres zonas, Bologna Central, Bologna Este y Bologna Oeste; las tres se encuentran en la misma estación, la este a la derecha de la zona central, la oeste a la izquierda; y los trenes pueden salir de una u otra; así, en el panel puede leerse, por ejemplo, vía 1 o vía 1 este o vía 1 oeste; si no lo sabes, puedes volverte loco buscando y confundirte de tren.
Si compras ida y vuelta evidentemente es más barato, un 20% menos, pero o las máquinas donde sacamos nuestros billetes no nos ofrecieron la opción o no supimos dar con la historia, que es lo más probable, pero posteriormente descubrimos que las máquinas “regionales” sí ofrecían el descuento I/V de forma clara.
El viaje a Florencia muy bien: ipod, lectura, sueñecito y llegamos. Miramos los horarios para mañana volver por la tarde a Bolonia y salimos para ir a nuestro hotel.
Por el camino y caminando por la Vía Panzini pasamos por la puerta del hotel donde nos alojamos hace como doce años. Seguimos por dicha vía y asoma a lo lejos el Duomo con su majestuosa cúpula; hacen aparición el Baptisterio y el Campanile, además de un precioso árbol de navidad que para eso es diciembre. Seguimos buscando el Hotel Il Giglio, que resulta un poco lejano para ir tirando de la maleta, menos mal que es chiquitilla. El hotel bien, correcto y el desayuno acorde con el precio y el personal amabilísimo.
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Hoy es lunes y los museos están cerrados, así que hay que posponer para mañana la visita a la Academia para ver el David de Miguel Ángel, que la vez anterior se quedó en el tintero… Esto es lo que hablábamos mi santo y yo mientras hacíamos el check-in del hotel. Los dueños del hotel al escucharnos nos indicaron que efectivamente estaban cerrados por ser lunes, pero que, además, el personal de los museos se había puesto en huelga y que ésta se extendería hasta el día 8, con lo cual mi gozo en un pozo, de ver al David nada de nada… habrá que volver a Florencia, que sacrificio :D.
Soltamos los bártulos y a la calle. Nos fuimos dando un paseo hasta la Piazza de la Santísima Annunziata, cuyo centro está ocupado por una estatua ecuestre de duque Ferdinando I de Medici, obra de Giambognola. También hay dos fuentes de uno de sus discípulos Tacca. Un lateral de la plaza está ocupado por el Ospedale degli Innocenti, construido en 1419, que acogía a los niños abandonados. Los dejaban en un torno, que aún se conserva, y tocaban una campana antes de marcharse para avisar de que habían dejado al niño. Fue el primer orfanato de Europa y fue financiado por el gremio del Arte de la Seda que encargó a Filippo Brunelleschi que proyectara el edificio. La fachada la concibió como una logia, y aunque tuvo modificaciones y ampliaciones por parte de los arquitectos que le siguieron, se puede admirar las armoniosas proporciones que propuso Brunelleschi. Los 10 medallones de terracota esmaltada agregados posteriormente por Andrea della Robbia le dan/ un atractivo especial a este edificio. Los medallones representan a niños expósitos sobre un fondo azul y hacen referencia a la función del edificio y apela a la compasión del visitante, efecto que sin duda consigue, da una penita…. Actualmente sigue funcionando como orfanato y UNICEF tiene una sede en el edificio.
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Haciendo esquina con el Ospedale está la Iglesia Santísima Annunziata, reformada a mediados del XV por Michelozzo. El interior es de estilo barroco, destaca un templete de mármol diseñado por Michelozzo y se pueden ver frescos que son obras maestras de la época.
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Enfrente del Ospedale está la sede de la Confraternitá del Servi di María, levantada en el s. XVI tomando como modelo el edificio de Brunelleschi.
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Desde esta plaza parte la Vía di Servi y al fondo se ve la Cúpula del Duomo, preciosa. Echamos mucho rato en esta plaza, es preciosa, visitamos el patio del Ospedale y al salir es casi hora de comer. Fuimos en dirección Piazza San Lorenzo a ver si aún estaba abierto un sitio donde comimos hace doce años y del que guardábamos un grato recuerdo. Allí estaba, la Trattoria Sergio Gozzi; este restaurante familiar ofrece cada día comidas caseras diferentes, la carta está escrita a mano y se come estupendamente y a buen precio, no se puede pedir más, muy recomendable, 22,10 € dos platos, vino y un postre (la dirección exacta es Piazza San Lorenzo 8-R).
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Cuando salimos llovía, aunque no demasiado. Curioseamos los puestos del Mercado de San Lorenzo y nos fuimos a la Piazza del Duomo, donde se encuentran el Duomo, el Battisterio y el Campanile, es asombrosa tanta concentración de arte en un espacio tan reducido, no me extraña que el pobre Stendhal sufriera su famoso mal en esta ciudad.

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El Battisterio es el edificio más antiguo, de planta octogonal y dedicado a San Juan Bautista. Es famoso sobre todo por sus tres puertas de bronce: la más antigua de Andrea Pisano, narra en sus cuarterones episodios de la vida de San Juan Bautista. Las otras dos puertas son obra de Lorenzo Ghiberti, ganador del concurso convocado para diseñar las Puertas Norte y la del Paraíso, auténticas obras de arte. Las originales están en el Museo dell´Opera del Duomo y las copias que se pueden observar en el Battisterio se realizaron gracias al mecenazgo japonés.
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El interior es sumamente lujoso, tanto los mosaicos de la cúpula como la decoración geométrica del suelo. Lo vimos desde fuera, pues queríamos seguir paseando. También entramos al interior del Duomo, que es gratuito. Decepciona un poco, es bastante soso por dentro, nada que ver con Battisterio.
Salimos de la Piazza del Duomo en dirección Piazza della Signoria atravesando la Via Calzaiuoli, la calle más elegante de Florencia y donde están las tiendas de las grandes firmas.
Llegamos a la Piazza della Signoría, centro neurálgico de la vida florentina desde el siglo XIV. La plaza está dominada por el Palacio Vecchio y la Logia de Lanzi. Las esculturas expuestas hacen de esta plaza un museo al aire libre y destilan connotaciones políticas. El David se ubicó ante el Palacio Vecchio como símbolo de la República. La Fuente del Neptuno de Ammannati conmemora las ambiciones marítimas de los Medici, la estatua ecuestre del duque Cosme I, de Giambologna, es el retrato de quien reunió los territorios toscanos bajo el gobierno de los Medici y la estatua de Perseo con la cabeza de la Medusa, de Cellini, es un claro aviso de lo que podía pasar a quien se enfrentara a la familia más poderosa del momento.
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El Palacio Vecchio sigue siendo el Ayuntamiento de Florencia, es un edificio con forma de cubo y se caracteriza por su aspecto macizo y su terminación con un adarve saliente y almenado.
Entre el Palacio Vecchio y la Logia se abre el Piazzale degli Uffizi, uno de los mejores ejemplos de urbanismo renacentista. El enorme palacio tiene dos plantas que se alzan sobre soportales y se construyó como sede central de las oficinas de la administración de la ciudad. Actualmente alberga una de las colecciones de arte más famosas y completas del mundo.
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Seguimos hasta llegar a la Piazza della Repubblica donde se instala a diario el Mercato Nuovo y donde el protagonista, con permiso de los dueños de los tenderetes, es Il Porcellino, una estatua en bronce de un jabalí de 1612 del escultor Pietro Tacca. Este animalito es muy visitado por turistas y florentinos pues si frotas su nariz con la mano con una moneda, que debe caer a un pozo con barrotes que está a los pies de la estatua, los turistas volverán a Florencia y los florentinos serán agraciados con el deseo que pidan. Esto de la moneda no lo sabíamos, pensábamos que con frotar la nariz era suficiente, y fue lo que hice hace 12 años y se ve que ha sido efectivo porque he vuelto sin moneda. Igual para no tardar 12 años en volver sí es necesario echar alguna monedilla; de todos modos esta vez tampoco he dejado moneda, así que mientras me hacía la foto unos compatriotas españoles me acusaron de agarrá, en fin…..
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Seguimos andando hasta el Ponte Vecchio, me encanta este puente. Se remonta a época romana, y su historia está llena de violentas inundaciones que lo arrasaban, pero se reconstruía una y otra vez por ser el único paso sobre el Arno. Ya en el siglo XIII el puente albergaba tenderetes de comerciantes que necesitaban agua para su trabajo: curtidores, pescadores… Pero finalmente se impusieron los carniceros. Lo que no vendían y estaba en mal estado ya os podéis imaginar que iba a parar al río. En 1565 los Medici mandan construir el Corredor Vasariano, que une el Palacio Pitti (residencia de los Medici) con la Galería Uffizi a través del Puente Vecchio, así Cosme I podía ir de su casa a la oficina a través de este pasillo sin tener que ir por la calle (no era este Cosme muy apreciado por el pueblo y pensó que era mejor evitar callejear). Debido a que los carniceros tiraban sus desechos al río la pestuza en el puente debía ser considerable. El Cosme I que se paseaba a diario por el Corredor Vasariano tomó la decisión de largar a los carniceros de allí y las carnicerías fueron sustituidas por joyerías y orfebrerías que siguen ocupando en la actualidad la totalidad de las tiendas del puente, dándole una estampa bastante peculiar. Los escaparates están llenos de piezas ostentosas y de dudoso gusto, y me pregunto quién compra allí pues los precios son astronómicos.
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Ya era tarde y estábamos cansados. Fuimos a cenar a la pizzería Lo Spuntino, en la que había ambientito y que está en la Vía del Canto de Nelly, al lado de la Plaza de San Lorenzo, todo muy bueno y buen de precio (26 € los dos). Al volver al hotel pasamos por delante de Santa María Novella, preciosa por la noche.
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Por la mañana dejamos las maletas preparadas en la recepción del hotel, pues a las 16:00 horas debíamos estar montados en el tren para volver a Bolonia.
De ahí nos fuimos a la Plaza de San Lorenzo para visitar la iglesia del mismo nombre y sobre todo la Biblioteca Laurenziana, a la que se accede por el claustro de San Lorenzo y constituye uno de los legados arquitectónicos más importantes de Miguel Ángel. Los diferentes elementos del vestíbulo no tienen ninguna función sustentante. En sólo 9 metros cuadrados de un recinto cerrado Miguel Ángel proyecta un conjunto que se asemeja a un patio abierto y la escalinata curva domina todo el recinto.
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Hay muy poca luz y las fotografías salen fatal. Desde las escaleras se accede a la Sala de lectura, preciosa. Los pupitres son diseño de Miguel Ángel y me pregunto cómo cabían en ese espacio los monjes, muy gordos no estarían.
El suelo es un diseño de Tríbolo y no se ve entero porque la zona por donde se pisa está cubierta por una alfombra. Al final hay una exposición de manuscritos. Alli estuvimos un rato admirando esas obras de arte.
Después entramos a visitar la iglesia, y paseo de nuevo por todo el centro de Florencia, Piazza della Signoria, Ponte Vecchio y paradas en tiendas como Il Papiro, que me encantan y me paso un buen rato y siempre pico. Ah, como hacía buen día, se me antojó un helado, que mira que están ricos los helados italianos. Entré en una gelatería y me pido uno piccolo de dos sabores. Cuando pregunto cuánto es, me dice la chica que 8 € ¿ein, 8 €? Porque le había dado un chupetón y no estaba en el CI que si no estás contento te devuelven el dinero, si no, allí se lo dejo plantado, estaba bueno de la muerte, pero joer, qué robo.
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A las 14:30 nos fuimos para el hotel y de ahí en bus a la estación. Compramos los billetes y nos comimos un bocata esperando que llegara nuestro tren que nos devolvería a Bolonia. Esta visita a Florencia no ha sido para matarnos viendo cosas, ya la conocíamos y nos apetecía volver. Aún quedan cosas en el tintero… pero me pasa con las ciudades a las que sé que volveré, me lo tomo con calma.
Ya en Bolonia miramos los horarios para ir al día siguiente a Verona y pusimos rumbo al hotel. Por la noche nos fuimos al centro paseando, estuvimos de shopping y acabamos en un local llamado Birrería Mercancía ( http://www.lemercanzie.it ) situado en la plaza del mismo nombre. En muchos bares de Bolonia a partir de las seis o siete de la tarde ofrecen lo que se llama el “aperitivo” consistente en que pagas una bebida y accedes a una especie de buffé libre donde hay canapés, porciones de pizzas, embutidos etc. La bebida (vino y cerveza) a nosotros nos salió por 5 € cada uno cada ronda. En una ciudad eminentemente universitaria no es raro que exista esta modalidad de tapeo, por poco dinero puedes cenar. El local tiene varios ambientes y nosotros nos sentamos en la zona de vinos, muy bien, nos gustó el ambiente que había.
Os recomiendo un TOP TEN genial de Florencia que hay en la web de viajes VIAJAR A MI AIRE
Siguiente capítulo: Verona

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17 enero 2011

Bolonia, Florencia y Verona I.

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A pesar de tener billetes de avión y reservas de hotel en Bolonia y Florencia compradas con antelación todo presagiaba que no llegaríamos a nuestro destino, es más, no llegaríamos a salir, pues a los controladores aéreos no se le ocurre otra cosa que ponerse en huelga, o mejor dicho, darse de baja de forma masiva, al inicio del puente de diciembre. ¿Será cosa de un virus malévolo que ataca en exclusividad a los que andurrean en las torres de control? ¿será que el virus tiene la peculiaridad de atacar a la vez a los que forman el clan controlador independientemente de que operen en Madrid o Bilbao? Mucho me temo que la respuesta a estas preguntas es negativa y será que son una panda que no miden las consecuencias de sus “bajas médicas” y a los que le importa muy poquito joderles la vida a cientos de miles de personas, vayan ustedes a reivindicar, por supuesto que tienen derecho, pero sin joder a los que no pertenecemos al clan de los privilegiados.
Como he anotado, salíamos el 5 de diciembre en un vuelo de Ryanair desde Sevilla a Bolonia a las 17:10 de la tarde. El viernes tarde estando en casa pongo la TV y veo que el “espacio aéreo español está cerrado”. Rápidamente imaginé que pudiera ser que una nave nodriza se hubiese posado sobre el cielo español y estuvieran apareciendo alienígenas que impidieran los vuelos… pero no, no era eso; los controladores habían abandonado el puesto de trabajo, ésa era la causa. Flipo y pienso que casi me parece más normal la primera causa que pasó por mi cabeza y pienso que el tema se arreglaría en poco tiempo. Al día siguiente no mejoraba la cosa y empecé a temer por mi viaje a Bolonia.
Afortunadamente tengo más suerte que 600.000 personas y mi vuelo sale con la única excepcionalidad de 1 hora 45 minutos de retraso una vez montados en el avión.
Llegamos por la noche a las 21:00 horas y hace fresquete. Hay dos opciones para ir desde el aeropuerto a Bolona:
1- El aerobús, que se coge allí mismo y que cuesta 5 € por persona.
2- Un taxi que hemos leído que sale aproximadamente por menos de 20 €.
Normalmente somos de pillar la opción más económica, pero esta vez, dado lo tardío de la hora, optamos por el taxi, que nos cobra hasta el Hotel Il Guercino 17 €.

Tenemos reservada una habitación doble superior. Nos gusta la que nos dan. Soltamos el miniequipaje con el que hay que viajar en ryanair y vamos a la estación de tren para ver los horarios, porque mañana nos vamos a Florencia. La estación es enorme, nos apalancamos delante de unas máquinas y solo vemos billetes en tren de alta velocidad que cuestan 24 € cada trayecto por persona ¿ein? ¿Qué nos va a costar 96 € ir a Florencia? No puede ser…. Mañana investigaremos mejor.
Vamos a cenar a un restaurante que nos ha recomendado la amable recepcionista: Restaurante Jari I en la Vía Servilio, 2. Pedimos una botella de vino, pizza y tortellinis con una salsa muy rica y nos cuesta 30,70 €. Después al hotel a dormir que hay que madrugar.




Próximo destino

Parece que mi deseo de visitar la Big Apple este año ha llegado pronto y en abril estaré una semana en Nueva York. Ya tengo vuelos y apartamento en el East Village...esto va tomando forma, estoy feliz :D

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