12 octubre 2011

CRETA, 2011 (2). Cnossos, Agios Nikólaos, Isla de Chrissí, Gournia, Ierápetra, Playa de Vai, Gortina y Rethymno

MIÉRCOLES 3 DE AGOSTO
Madrugamos, ducha, desayuno y check out. Nos regalan una botellita de rakí y nos prometen de nuevo la suite a la vuelta.
Salimos dirección Cnossos, que está más a o menos a 5 kms de Heraklion.  Queríamos llegar temprano para  evitar el calor y las aglomeraciones de gente. Llegamos a las 9:00 y aparcamos en un aparcamiento grande que hay en la carretera a mano izquierda viniendo de Heraklion. Vimos autobuses y coches aparcados y nadie que cobrase, así que supusimos que era gratis y dejamos el coche allí. Antes de llegar vimos al menos dos bolsas de aparcamientos con gente invitándote a entrar, ésas sí eran de pago. Anduvimos dos minutos y ya estábamos en la entrada del yacimiento. Pagamos la entrada son 6,5 €.  Había algunas excursiones ya dentro, pero la visita no era incómoda. El Palacio de Cnossos es de esos sitios que estudias en los libros de historia y piensas, tengo que conocer ese sitio. Es en este palacio donde según la mitología griega, vivió el rey Minos, que mandó construir a Dédalo un laberinto para encerrar en él al Minotauro, criatura mitad hombre, mitad toro, nacida de los amoríos de Pasífae con un toro enviado por Posidón a petición de Minos, como prueba de que, de entre sus hermanos, era él el destinado a reinar; Minos, que había prometido a Posidón sacrificarlo en su honor, luego no lo hizo (santa Rita, Rita, Rita, debió de pensar Minos al ver el excepcional animal), así que Posidón lo castigó; ¿cómo? Haciendo que su esposa se enamorara perdidamente del toro (qué culpa tendría su mujer? Para poder acostarse con el toro, le pidió al ingenioso Dédalo que le construyera un artificio, una especie de disfraz en el que ocultarse y que el toro no sospechara; yació con el toro (zoofilia  que se llama eso en nuestra era), quedó embarazada y nació el Minotauro. Cuando se enteró Minos pilló un rebote de padre y muy señor mío y mandó a Dédalo que construyera un laberinto en el que encerró al Minotauro, a él mismo y a su hijo, Ícaro (sí, ése que luego, con unas alas de cera fabricadas por su padre para huir del laberinto se acercó demasiado al sol). Total, allí, en el laberinto, vivió el Minotauro hasta que Teseo, ayudado por Ariadna, hija de Minos, lo mató. Cnossos, el palacio del rey Minos, no era sólo su residencia, era además un centro administrativo y religioso; era muy grande, pues constaba de unas 1500 habitaciones y muchos pasillos (¿éra éste el laberinto al que se refiere el mito?)
Realmente el llamado laberinto, corresponde a la estructura de los palacios minoicos, dispuestos alrededor de un gran patio central y con numerosas salas, pasillos y escaleras que comunicaban sus numerosas estancias y pisos. En 1900 comienzan las excavaciones del recinto arqueológico de la mano de Sir Arthur Evans.
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La visión que tenemos hoy día cuando visitamos el palacio responde mucho más a la imaginación del Evans que a la realidad, pues desgraciadamente para la restauración de Cnossos se hizo más uso de la inventiva que de aspectos  meramente científicos.  El acceso al yacimiento se hace por una rampa que lleva al ala oeste del palacio. A partir de ahí se hace la visita libremente por diferentes caminos señalizados. Los palacios de este periodo son auténticas ciudades-estado que adquieren una múltiple función: la de ser centro de concentración y distribución de productos procedentes del campo cretense, centro de actividad artesanal, zona residencial, y por supuesto, núcleo neurálgico del poder político-religioso, al frente del cual se hallaría un dignatario que muy probablemente conjugaría funciones políticas y sacerdotales. De ahí que estas construcciones también reciban el nombre de Palacios-santuarios.
La planta de Cnossos responde perfectamente a los cánones de construcción típicos de la época, de tal manera que constituye un rectángulo casi perfecto de 150 x 100 metros de lado, siendo su patio central, de 50 x 25 metros. No faltan las estancias consabidas y la distribución habitual. Carece de murallas exteriores, pero abundan los propíleos o pórticos de entrada. Entre sus salas más conocidas destaca el mégaron del rey, una habitación que serviría de Sala de audiencias y que comunicaba por un corredor con un segundo mégaron, el de la reina, donde se encuentran los famosos Frescos de los delfines. Contaba también con un Salón del trono, igualmente famoso por los frescos que decoraban sus muros.
Propíleo Sur con los frescos de las Procesiones (copia)
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Al fondo Pasadizo de la Entrada Norte
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Fresco del Príncipe de las Azucenas
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Megarón de la Reina
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Fresco de los Delfines
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Pithoi
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Fresco de las Procesiones en el Propíleo Sur
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Pasadizo de la Entrada Norte con el Fresco el Toro
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Fresco del Salto del Toro
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Pozo de luz
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Cuernos de la Consagración
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Damas en Azul
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Sala del Trono del Rey
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Zona del teatro
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La visita a este yacimiento es imprescindible, pues paseas por el palacio más importante que nos ha dejado la civilización minoica, y eso es un privilegio. Nuestra visita duró más o menos dos horas. Al final del recorrido y para no irme sin un recuerdo de mi visita a Cnossos, tropecé con la base de una columna que había en medio de uno de los caminos y me metí un buen jetazo. Me hice sangre en la rodilla, me raspé la mano, el brazo… un desastre, pero lo peor fue el gran golpe que se llevó la cámara. Alguna lente se debió mover porque a partir de ahí las fotos empezaron a estar poco nítidas, así que muchas están inservibles. Al salir me llegué a la recepción y allí me dieron algodón y iodo para la herida.  La cola para entrar a esa hora era espantosa, aconsejo llegar lo antes posible, si  podéis estar a las ocho mejor. A nosotros nos tocó un día que no hacía un calor de esos de morirse, pero la visita con tanta gente deber ser agobiante.
Cola de entrada a las 10:30
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HORARIO DE CNOSSOS: de 8:00 a 19:00 horas
PRECIO DE LA ENTRADA:  6,5 €
LLEGAR EN BUS: para llegar desde Heraklion si no tenéis coche: Línea 2, que sale desde la plaza de la Fuente Morosini.

Mi rodilla chunga
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Cogimos el coche y nos fuimos dirección Agios Nikólaos. Hicimos una parte del trayecto por la autovía que recorre el norte de la isla. El concepto autovía que nosotros tenemos de al menos dos carriles en cada sentido con su arcén no es el mismo que en Creta. Allí autovía es un carril en cada sentido con un arcén ancho que se usa como carril en caso de que te adelanten (lo que no impide que cada dos por tres haya un coche parado en el arcén, digo yo, que si el arcén se usa de carril mínimo que no estacionen ahí ¿no?, en fin, cosas que no entenderé nunca). El trayecto de hoy transcurre por la Sierra y los Valles de Lasiti. Se hace muy pesada la carretera; cuando abandonas la “autovía” y te metes por la sierra las curvas son interminables, los pueblos por los que pasas carecen de atractivo alguno aunque el paisaje es bonito.
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Pasamos por la Iglesia de Panagia Kera y paramos. Hay una monja a la entrada que cobra un par de euros creo recordar. Tiene  frescos interesantes del s. XIII.
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Por el camino vimos algunos de los molinos característicos de la Meseta de Lasiti. Antes había muchísimos que abastecían de agua a los campos, pero poco a poco han sido sustituidas por bombas hidráulicas, pero aun se ven algunos de los molinos, aunque los que tienen mejor pinta están siempre pegados a algún restaurante o cualquier sitio turístico.
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A pesar del GPS (esos chismes a veces parece que los carga el diablo) llegamos a nuestro destino, aunque llegar fue una odisea porque había un “barato” que se dice en mi tierra, un mercadillo ambulante, justo en la calle del  hotel. El señor que atendía en la recepción del hotel le dio explicaciones a mi santo de cómo llegar al aparcamiento sorteando los puestos del barato.
Una vez alojados, nos fuimos a comer, que ya eran más de las 15:00 horas. Dimos un primer paseo por el pueblo y nos encantó. Agios Nikólaos se llama así por la pequeña iglesia bizantina, del siglo XI. La ciudad disfruta del emplazamiento más atractivo del este de la isla. Se encuentra junto al Golfo de Mirabello, alrededor de la  laguna interior de Vulismeni, rodeada de palmeras y cafés, aunque hay  muchas construcciones modernas, el pueblo sigue manteniendo un indiscutible encanto.
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Escultura de toro en Agios Nikólaos (si en NY se les tocan los cataplines al toro, aquí también)
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Elegimos para comer uno de los restaurantes que dan a la laguna donde todavía había gente comiendo, el Oceano´s. Almorzamos tzatziki, kolokizokeftedes y la ración de boquerones más grande que he visto en mi vida. De postre nos invitaron a sandía. La cuenta 23 €, una gozada comer en Creta.
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Por la tarde nos pateamos todo el pueblo. Por la noche no teníamos hambre así que nos dedicamos a ir de terracita en terracita cerveceando. Los bares son chulísimos, muy modernos y bien decorados y con unas vistas excepcionales o al puerto o  a la laguna. Nos ha gustado mucho Agios Nikólaos. Las fotos de esta tarde noche salieron fatal, la cámara con el porrazo se había quedado chunga, así que esto es lo único rescatable, aunque son malas, menos da un piedra.
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JUEVES 4 DE AGOSTO

Nos despertamos temprano, ducha y desayuno en la habitación con provisiones que habíamos comprado el día antes en un supermercado.  Check out y compra de una sombrilla, pues uno de los destinos de hoy era la Playa de Vai, pero la primera parada fue el yacimiento minoico de Gournia. Aparcamos en el carril por el que hay que entrar para acceder al yacimiento. Está situado al 19 kms de Agios Nikólaos en dirección Sitia. El horario es de 8:00 a 15:00 horas y la entrada cuesta 2 €. Gournia es el único yacimiento de época minoica que está excavado en su totalidad (el resto de los yacimientos minoicos tienen excavados solamente los palacios). Se pueden observar sus calles y escaleras que suben a la cima de la colina donde está emplazado y desde donde hay muy buenas vistas. En menos de una hora se hace el recorrido por todo el recinto. Es recomendable ir temprano si no te quieres deshidratar, aunque nosotros no tuvimos demasiada mala suerte con el calor. Al irnos del yacimiento vimos que unos metros más adelante del carril por el que habíamos entrado al yacimiento hay una explanada con un parking desde donde hay unas vistas privilegiadas y preciosas del yacimiento, pero ya estábamos en carretera cuando lo vimos y no pudimos parar.
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Nos vamos para Ierápetra, donde estaremos dos noches. La carretera un poco pesada, como siempre. Llegamos al hotel, dejamos las maletas en el hotel y nos vamos dirección Vai. Cogimos por la carretera que está más al sur a la ida y a la vuelta por una que está más al norte. Mucho mejor la sur, los paisajes son más bonitos. Hay una autovía en construcción que vete a saber cuando la acabarán, que no está la economía griega para muchas alegrías. Llegamos a la playa y hay un parking de pago que cuesta 3,5 €. Me jode, pero con las ganas que teníamos de soltar el ruidoso y calenturiento coche, pagamos sin pensarlo.
Vai es la playa más famosa del este de Creta. Es característico su palmeral, uno de los más grandes de Europa, que le dan un aire caribeño (aunque eso es imaginación mía, pues nunca he estado en el Caribe).  Como todas las playas cretenses, agua cristalina y temperatura ideal. Alquilamos unas hamacas con sombra porque hace viento y creemos que la sombrilla enclenque que hemos comprado por la mañana en el super no va a aguantar. Nos cobran 9 € por las hamacas, es lo que hay. La playa es muy bonita, pero está muy masificada. Nos hemos enterado después que a un km. de la entrada a Vai hay una cala bastante más solitaria e igualmente bonita, avisados estáis.
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Echamos allí la tarde y volvimos a Ierápetra, parando de vez en cuando.
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Al llegar nos fuimos al puerto a comprar los billetes  de ferry para ir al día siguiente a la Isla de Chrissí (20 € por barba). Después mi santo se fue a correr un rato y mientras aproveché para internear un poco. Por la noche dimos una vuelta por el pueblo para  conocerlo. Ierápetra es la mayor ciudad de la costa sureste de Creta. Tiene una gran playa de arena gris que es de las más soleadas de Europa. En sus alrededores se cultiva sobre todo tomates, pepinos, calabacines, berenjenas… todo el año y la población vive de esto sin que el turismo tenga aún demasiado arraigo, aspecto que se agradece. Desde que llegamos no nos hemos encontrado aún con paisanos españoles.
Comimos en uno de los restaurantes que dan a la playa, el “Restaurante Gorgona”, que estaba lleno de gente, guiris y locales. Cenamos tzatziki, kolokyzokeftedes, ensalada con queso feta y pulpo sjarás, cervezas y vino por  27 € los dos.
Después nos fuimos a tomar una copa a una terraza de uno de los modernos bares que abundan por toda Creta.
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VIERNES 5 DE AGOSTO

Hoy tocaba pasar el día en la Isla de Chrissí, que significa dorada, por sus playas de arena. Es una isla deshabitada que se comunica a diario por ferry desde Ierapetra; el trayecto dura de 30 a 35 minutos; se la conoce también como Gaidouronisi  (isla del burro) por la costumbre cretense de abandonar a los burros viejos en islas deshabitadas. Vaya costumbre más poco solidaria que tenían estos cretenses, encima que los pobres burros tienen mala vida, se los llevan a morirse a una isla sin gente, en fin, vivir para ver. Dejando atrás este pequeño inciso es justo decir que Chrissí es un pequeño paraíso de calas encerradas entre dunas y cedros situada en el Mar de Libia.
Antes de embarcar fuimos a desayunar al pueblo. Nos metimos en un sitio donde había croissanes y bollería fresca con buena pinta y que estaba muy rica,  eso sí, el café del tipo del que ponen en los aviones, aguachirri pura a 3 €, tela! (en toda Grecia la cerveza y el café se paga a precio de oro).
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La travesía en ferry fue preciosa, agua de color turquesa intenso, limpísimas y transparentes.
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Desembarcamos en una zona donde hay chiringuitos, servicios… nos ponemos a andar para buscar un sitio más tranquilo. Hoy hace muuucha calor y muuuucho viento.
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Llegamos a una zona de playa enorme donde decidimos quedarnos. Ponemos la sombrilla y nos vamos a bañarnos. Había una zona al principio de meterte en la playa llena de hojas, no eran algas, pero una vez pasado este tramo el agua de volvía totalmente transparente, espectacular, una maravilla. Allí nos quedamos en remojo disfrutando hasta que miramos donde habíamos dejado nuestras cosas y nuestra sombrilla enclenque y de repente vemos que se ha ido volando. Joooo, mi santo sale corriendo y la localiza en la orilla, parada entre unas rocas que había algo más allá. Va a por ella y yo desde lejos veía que no la cogía ¿qué pasará? Me acerco y lo veo sacando de la sombrilla, que se había quedado boca arriba, kilos y kilos de esas hojas que había en la orilla, una cosa increíble. Cuando salió de detrás de la sombrilla estaba totalmente lleno de hojas. A mí me dio la risa floja y no pude hacerle una foto, pero era para verlo. Os podéis imaginar cómo quedó la cutre sombrilla, qué poco nos duró, era baratita, pero ya podía haber servido para algo.
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Total, una vez recuperada la sombrilla, que no era cuestión de dejarla allí, aunque ganas no nos faltaron, de nuevo al agua, qué bien se está. A la hora de comer nos fuimos al chiringo que hay donde nos dejó el barco, pero antes nos fuimos a cervecear a un chiringo tipo Caribe que estaba más allá de donde estábamos nosotros. Comimos ensalada y pinchitos, muy bien y nada caro para ser un único chiringuito. Después nos fuimos a bañarnos de nuevo  (estamos ya arrugados de tanta agua) y al barco para volver a Ierápetra. Echamos una siesta en el barco. Por la tarde noche salimos del hotel y estaba allí el dueño y nos presentó a Laura y Vasilis, una pareja muy simpática, ella española y él griego.  Nos pusimos a hablar y al final nos fuimos juntos a cenar a un restaurante que nos recomendó el dueño del hotel y que estaba en el pueblo de al lado, Vainica. Nos explicó dónde estaba y allí que llegamos. El sitio auténtico de verdad, nosotros éramos los únicos guiris. Nos sentamos en la terraza, debajo de unos árboles. Pedimos cervezas, vino y nos trajeron un montón de platos con tapas (berenjenas, espinacas, patatas, pimientos asados, etc.). Después pedimos un variado de pescado frito, carne a la brasa, tzatziki, ensalada… las raciones de dimensiones exageradas, no sé cómo acabamos con casi todo. Después nos invitaron a pastelitos y sandía. Pasamos una velada de lo más agradable. El precio 49 € los cuatro, viva Creta!! Laura, Vasilis, un beso muy grande por si leéis este diario.
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SÁBADO 6 DE AGOSTO
Nos levantamos tempranito, ducha, check out y nos vamos dirección Gortina, yacimiento arqueológico cuya historia puede ser resumida en que primero fue una ciudad-estado, después refugio del púnico Anibal y por último, traicionó al resto de las ciudades cretenses en el 67 a. C. cuando ayudó a los romanos a cambio de su salvación . Lo primero que se ve al entrar al yacimiento es la Basílica de Agios Titos, conocida como San Tito del VI d.C. que conserva algunos frescos, aunque están en bastante mal estado.
Entrada al yacimiento
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Detrás se visita el odeón y el foro. En el odeón hay una zona cubierta y tapada por una reja que alberga las famosas Leyes de Gortina, leyes dorias que conservaron los romanos. Es una pared con las leyes grabadas en sillares, muy impresionante, aunque la forma de exposición deja bastante que desear,  pues se ve muy mal. Hay un pequeño museo en una galería porticada con esculturas interesantes. También se visitan el teatro y el templo de Apolo y el de Isis. Si se sigue por un sendero se llega a un plátano cercado, debajo del que, según la mitología, Zeus sedujo a Europa. La entrada al yacimiento cuesta 4 €. Al salir nos tomamos un zumo en el bar del yacimiento que está tomado por los gatos.
Odeón
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Foro

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Edificio que alberga las Leyes de Gortina
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Leyes de Gortina
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Plátano bajo el que Zeus sedujo a Europa
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TRADUCCIÓN DE MI SANTO
PLÁTANO DE HOJA PERENNE
Infrecuente plátano de hoja perenne de la especie común de hoja caduca “platanus orientales” de interés botánico. MITOLOGÍA: Zeus bajo la forma de un toro raptó a Europa con la cual yació aquí y tuvieron a Minos.
Departamento Forestal.
Después de repostar combustible pusimos rumbo a Rethymnon, pasando antes por Agia Gallini. Una vez en Rethymnon el GPS se empeñaba en llevarnos por calles que siempre eran contramano. No sabemos si la cartografía que han usado es del año de la nana, o si han cambiado la circulación de las calles, pero desde luego normal no era. Menos mal que sabíamos que el hotel estaba cerca de la Fortaleza Veneciana y más por intuición que por la ayuda (¿?) del GPS llegamos. Aparcamos en el parking del hotel e hicimos el check in. Nos fuimos a dar una paseo por la ciudad y llegamos a la Fuente Rimondi, en el cruce de las calles Paleológou y Thessalonikis. Es una monumental fuente veneciana de estilo renacentista; tiene cuatro columnas corintias y tres cabezas de leones por donde mana el agua. Fotos y nos fuimos a almorzar un giros, que ya teníamos ganas de catar uno.
Fuente Rimondi
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Por la tarde paseo por el centro y como no teníamos ganas de cenar nos dedicamos al cerveceo en varias terrazas. Cuando llegamos al hotel pedimos dos cocacolas en el bar y nos la llevamos a la habitación para aliñarlas J.
Porta Guora
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Fuente Rimondi de noche
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DOMINGO 7 DE AGOSTO

Para variar, madrugamos, desayuno y nos fuimos a visitar la Fortaleza Veneciana que estaba muy cerca del hotel.  Es imponente y ocupa todo el promontorio situado al norte de la ciudad, lo que le da unas vistas espectaculares. En su interior hay una mezquita con palmeras, que si se observa fuera de su contexto pudiera parecer que estás en Marrakech.  
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Vistas desde la Fortezza
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Rethynmon es una ciudad que cobró importancia en Creta en la época de la ocupación veneciana y turca y su patrimonio arquitectónico perteneciente a estas etapas está principalmente bien conservado. Nos fuimos a dar otra vuelta por el centro y fue un acierto, pues aun no estaban abiertas las tiendas de souvenirs y la imagen es totalmente diferente y apreciamos mucho mejor su arquitectura y sus calles.
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A la vuelta hicimos el check out y nos fuimos dirección Paleochora. Llegamos al hotel Glarys y nos alojamos y de nuevo al coche para ir a uno de los destinos estrella de Creta, la Playa de Elafonisi. Miramos el mapa y había dos accesos desde Paleochora, una carretera comarcal de 16 kms y otra nacional de 65 kms. La lógica y el gps nos llevó por la más corta. Ya para empezar tuvimos que dar la vuelta porque el garmin nos llevó por un carril mierdoso que finalmente desembocó en una zona de invernaderos sin asfaltar que bien podría ser el escenario de una película de esas catastrofistas en las que la humanidad está medio extinguida por falta de agua y alimentos. Nos volvimos y nos recolocamos. Empezamos a subir una carretera de montaña que aunque era mala, se podía conducir bien, sólo había cabras de vez en cuando detrás de las curvas. Llegó un momento en el que vemos una indicación escrita con un spray de esos con los que se pintan los graffitis. Los coches de delante nuestra se metieron, y nosotros haciéndole caso a la original señalización y al gps, también. Error garrafal. La carretera fue empeorando por momento y en poco tiempo pasamos de circular a 30 por hora a hacerlo a 5 por hora. Llegó un momento en el que los coches de delante desesperados pararon y nos dejaron paso (todavía había sitio para dos coches). Yo votaba por volvernos, mi santo y el gps que para adelante, así que estaba en minoría. Nunca en mi vida he circulado por un carril tan sumamente malo, peligroso y empinado, lo que habíamos subido había que bajarlo. Es la peor experiencia de todo el viaje, realmente no puedo entender como ese camino no está totalmente prohibido al tráfico, ni tampoco llego a comprender que el cutrecoche llegara sano y salvo a su destino, eso sí, al día siguiente faltaba un tapacubos y yo juraría que salió despedido en uno de los botes que pegamos. Para colmo con el calor y sin aire teníamos que llevar las ventanillas abiertas y el coche se puso llenito de polvo, por dentro y por fuera.
Tras una hora y media de sufrimiento, que se dice pronto, llegamos a Elafonisi, mi humor estaba un poco tocado y no hacía más que pensar que si hubiese un avión, destino Cádiz, esperándome en la playa me montaría inmediatamente.
Nos acercamos a la playa y había muuuucha gente, ohhhh que decepción. Entramos en el chiringuito, nos tomamos unas cervezas, un bocata y unas patatas y ya se fue pasando el sofocón. Decidimos andar hasta encontrar un sitio menos masificado. Tuvimos que atravesar un pequeño estrecho, que no cubre, como mucho el agua llega por la rodilla y se llega a un especie de islita con muchas calas bastante más vacías que la playa principal. Son algo más pedregosas, pero igualmente magníficas, con arena de tonos rosados de origen coralino. Está protegida por el programa medioambiental de la Unión Europea. De las mejores playas que he visto, increíble, ya el mal recuerdo del viaje hasta allí había desaparecido, que gusto bañarse en esas aguas, una maravilla. Pasamos allí buena parte de la tarde a remojo y a la vuelta, ya escarmentados, cogimos por la carretera buena, 60 kilómetros en vez de 15, pero por un carretera decente, tardamos una hora corta. 
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Al llegar a Paleochora fuimos a comprar los billetes del barco para ir a Agia Roumeli al día siguiente. De vuelta al hotel nos paramos a cervecear,  estaban las terrazas al aire libre animadísimas y llenas de gente.
Al hotel, ducha y salimos a cenar a un vegetariano que recomendaban en las diferentes guías que llevábamos; se llama “El tercer ojo”, tiene una agradable terraza al aire libre donde nos sentamos. Se come muy bien, los platos son muy abundantes; nosotros pedimos hummus, arroz con anacardos y mousaka vegetariana, cerveza, vino, sandía y rakí, 23 €. Muy recomendable el sitio y el personal muy amable.

14 comentarios:

  1. Ya sabes que me encantan todos tus relatos, recuerdo cuando nos dijiste lo de la leche que te metiste, vaya mala pata!!!! Espero la siguiente parte del diario. Unas fotos preciosas, y tu tan guapa como siempre!!!

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  2. Gracias reina! A ver si cuelgo ya lo que me queda, estoy tardando más que la obra del Escorial. No sé como haces tus magníficos diaros en tan poco tiempo, "tenvidio" :P
    Un besote y gracias por tu visita.

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  3. Μπράβο σου!!!

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  4. Supongo que te acordarías de mi en el Restaurante La Gorgona!!! Que por cierto, no es mi hermana.

    Precioso como siempre.

    Father.

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  5. Que pasada de viaje Pepilla... me encanta sobre todo para recorrer la isla con el kayak con esas aguas cristalinas... bueno lo de Cnossos fue mala pata.. míralo desde la parte positiva así cuando te lo mires tienes una imagen de esos preciosos frescos que nos has enseñado.. Besitos.

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  6. ¡Qué bonito! Las fotos de las playas realmente parecen del Caribe ¡¡alucinante!!

    Siento mucho el tropezón, y sobre todo lo de la cámara que cuestan un pastón, en fin, espero que no fuera mucha la avería.

    Espero la siguiente parte, aunque te entiedo, cuesta mucho hacer un diario.

    Un abrazo.

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  7. Father ¿no me digas que la Gorgona no es tu hermana? y yo que os veía precido, jejeje, es bromaaaaaaa. Gracias por pasarte por aqui y poner la nota de humor. Un besazo guapo!

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  8. Isa esas aguas deben ser la caña para navegar, tan transparentes que se ve el fondo. Te animo a que vayas. Un besito reina!

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  9. Raquel gracias por leerme y pasarte por aqui. La cámara ya la he sustiruido, la rodilla es otra cosa, aun tengo la cicatriz, jeje. Sí que es un currelo importante hacer un diario, pero me gusta leerlos cuando pasa el tiempo y recordar el viaje. Un beso.

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  10. hola pepa, nos ha encantado tu viaje, ya hablaremos cuando vayamos. un beso
    ana victoria y jurado

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  11. Ana y Jurado pegaros un viajito por las islas griegas cuando podáis, son preciosas y con unas aguas impresioantes. Jurado no sabía que tuvieses blog :D
    A ver si nos vemos por Cádiz o por el pueblo!

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  12. A ti te falta Micenas, a mi me faltan Knossos, Creta y sus playas, otro de mis sueños pendientes. Preciosas fotos. Un abrazo. Dani

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  13. Hola Pepa, hoy hemos veraneado leyendo tu post.
    Por cierto, apesar del golpe que sufrió la cámara, las fotos han salido muy buenas, así que la virtud sin duda al fotógrafo.
    Un abrazo y hasta la próxima!!!

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