20 septiembre 2009

Yellowstone en GUIAS-VIAJAR

Hoy domingo 20 de septiembre se ha publicado en la web www.guias-viajar.com/ una colaboración de "Viajes y vivencias" con el tema del Paque de Yellowstone, dejo el enlace. Desde aqui damos las gracias a José Luis Sarralde por invitarnos a su estupenda web.
www.guias-viajar.com/estados-unidos/wyoming/parque-nacional-yellowstone/consejos-visitas-recomendadas-pepa-lozano/



GUÍAS-VIAJAR

18 septiembre 2009

Capítulo 1: Naxos

El 3 de Julio comienza nuestro viaje a dos islas de las Cícladas: Naxos y Santorini, y a Atenas. Este año no toca cruzar el charco, lástima, me había acostumbrado y me encanta; de todas formas, tengo que reconocer que con los trabajos previos al viaje, lectura de guías, revistas y rastreo de webs, he ido ilusionándome con este viaje, que en principio no me atraía demasiado. Visité Atenas en la Semana Santa de 2001 y por primera vez una ciudad a la que viajaba no me gustó mucho, es más, me pareció bastante fea, con un urbanismo que dejaba mucho que desear y quitando la Acrópolis y el barrio de Plaka no me pareció que tuviese más atractivos. Mi santo es un enamorado del país, “grecoparlante” y asiduo del mismo, y me decía que después de las Olimpiadas 2004 Atenas había cambiado mucho, y que el resto de Grecia merece mucho la pena … Así pues este año decidí dar una segunda oportunidad a las tierras helenas y nos pusimos manos a la obra. Con 10 días para el viaje decidimos ceñirnos a dos islas y a Atenas, así vería con mis propios ojos el cambio de la capital. La otra opción era Creta y Rodas, pero en ese viaje queremos invertir más días. Teníamos tiempo para dos islas pequeñas y Atenas, y nos decidimos por Naxos y Santorini. Nos hicimos el planning que ya conocéis y el 3 de julio a las dos de la tarde iniciamos el viaje a Grecia. Comenzaré el diario por las islas. Hay palabras que desde que llegas asocias a las islas: tranquilidad y paz; las puestas de sol son de una belleza impresionante y si huyes de los sitios masificados, disfrutas cada tarde de un espectáculo único. Los colores de las islas son señas de identidad de éstas: azul del mar, y de las puertas y ventanas, blanco de sus paredes, rosa de las buganvillas y verde de la albahaca y de las parras… Comienzo… El vuelo a Madrid sale de Jerez a las 13:45; tardamos una hora bastante movidita en llegar a Barajas y después allí unas horas de espera en la T4. El tiempo de espera lo echamos en comer unos sándwiches, en ir de rebajas, en mirar el ir y venir de la gente, en comprar una botella de whisky para las noches en las islas, hacerme con la primera parte de Millennium y empezar a leerlo.El vuelo salió con una hora de retraso. Rápidamente nos dan de cenar y tres horas y media más tarde estamos aterrizando en el Eleftherios Venizelos, un aeropuerto bastante moderno que está a 50 kms de Atenas y que a mediados de Agosto estará conectado por metro con la capital. Tras una larga espera llegan todas las maletas y salimos. Fuera nos espera Christos, un buen amigo, y maravillosa persona que, como buen griego, es la personificación de la hospitalidad. Nos lleva en coche a su casa; vive en El Pireo, el puerto de Atenas, desde donde al día siguiente salimos temprano en ferry a Naxos; allí nos recibe Georgía, su mujer (los niños estaban de campamento), y nos alojan como si fuésemos de su familia. Tienen una terraza estupenda con vistas al puerto donde echamos un rato de charla y a dormir que madrugábamos y entre la hora de retraso que traíamos y que allí es una hora más, nos quedaba poco para descansar algo del largo día de aeropuertos.A las 6:00 en pie, Christos nos acerca y nos deja justo en el ferry; insisto en que la hospitalidad de los griegos no es un mito. Llegamos al ferry de la Compañía Blue Star Ferries, el barco el Blue Star Naxos. Compramos los billetes en la web y vimos que había varias posibilidades de viajar: económica, intermedia y una superior. La económica no tiene asientos asignados y salvo algunos sitios interiores suele ser exterior y a lo que te toque. La cubierta exterior está llena de mesas que es donde viajan los que llevan un billete económico.
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Hay un bar con precios abusivos y mucha gente bebiendo frapé, ese café espumoso que toman los griegos, tomando el sol y fumando (llama la atención lo mucho que fuman en Grecia). Se agradecía al volver a nuestra zona de interior el aire acondicionado, no veas cómo calentaba el solano dando en esa mampara que veis en la foto.

Como embarcábamos temprano y tarda 5 horas y media en llegar a la isla decidimos viajar en la zona de precios intermedios; son salones con asientos asignados más o menos cómodos; había 5 salones y la web no precisaba nada; escogimos al azar la zona 4. Al pasar por las zonas 1, 2 y 3, vimos mucho bullicio y unos ventanales enormes. Cuando llegamos a la zona 4, nuestro gozo en un pozo cuando vemos que a pesar de ir en un nivel superior a las zonas 1, 2 y 3, tiene unas ventanitas diminutas cada no sé cuánto y por supuesto no nos tocó. Eso sí, mucho más tranquilo que la planta baja y al fin y al cabo puedes salir a cubierta cada vez que te dé la gana. Avisados quedáis de que si viajáis en ferry pillad las zonas 1, 2 o 3, mejores vistas y más bullicio (a mí me vino bien la tranquilidad de nuestra zona y la comodidad de las butacas para echar varios ratos de sueño, pero si tuviese que elegir a toro pasado me quedaba abajo). Pasamos el tiempo dormitando, yo, leyendo las andanzas de la Salander, desayunando un bizcocho casero buenísimo hecho por Georgía, saliendo a cubierta… y hacemos escala en Paros, muy bonita la llegada al puerto, pero muy breve.


Llegamos al puerto de Naxos y al bajar nos recibe su estampa más conocida, la Portara en el islote Palatia
Hay mucha gente con carteles ofreciendo alojamiento. Nosotros teníamos reserva en los apartamentos Venétiko. Mi santo pregunta a los paisanos por la calle Dionisos y nadie sabe dónde es, si preguntaba por los apartamentos también ponían cara de poker (mi madre que siempre me dice que con eso tan moderno de las reservas de hotel por internet un día nos vamos a ver debajo de un puente, apareció en mi mente). Mi santo fue a un híbrido entre oficina de turismo y sitio de alquiler de coche y le dieron un mapa, por fin vamos a localizar el sitio. Abrimos el mapa y de verdad que era muy mono, pero no venía el nombre de una sola calle ¿ein? Estos griegos… seguimos andando, le preguntamos a un tabernero por la dichosa calle Dionisos, y nada, que no, éste le preguntó a otro y nada de nada. A todo esto una calor de morirse. Entonces decidimos mirar el planning a ver si por suerte habíamos anotado el teléfono... y sí -ufff- menos mal que hicimos eso. Mi santo que habla con el dueño y quedamos en la catedral, adonde habíamos llegado en el ir y venir buscando la calle. Llega Vangelis, el propietario y se presenta. Nos lleva a los apartamentos que estaban cerquísima de allí. El porqué de que no sepan los nombres de las calles debe de ser porque hay tantas callecitas pequeñísimas que es imposible saber sus nombres.
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Mi santo aprovecha para practicar el idioma, de lo que se sorprende Vángelis, y lo que hace que sea aún más amable si cabe; los griegos, sabedores de que su idioma es poco hablado (¿quién se va a poner a aprender un idioma hablado por apenas 15 millones de personas?), se vuelcan con quienes se interesan por su cultura y su lengua. Al llegar nos abre una puerta azul y accedemos a un patio precioso con una parra que da una sombra que se agradece mucho.
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Varias habitaciones dan al patio y la nuestra es una de ellas. Vangelis habla y habla con mi santo. Nos deja una botella de agua fresquita en el frigo, se lo agradecemos mucho. Ducha y a la calle a comer. Salimos y al poco de callejear damos con el Metaxí mas un restaurante que habíamos leído estaba muy bien. Era tarde y ya apenas había nadie, pero nos pusieron de comer. La gastronomía griega es una pasada. Hortalizas de un color, olor y sabor magníficos, imaginad qué ensaladas. Desde que ves venir al/a la camarero/a con la fuente ya hueles el tomate y el pepino, qué rico todo!!!Pedimos vino de la casa, cervezas Mithos , tzatziki, kolokythokeftedes o croquetas de calabacines, mousaka, joriátiki o ensalada de tomates, pepino, pimiento, cebolla y feta y calamari a la plancha. Todo exquisito, el pan buenísimo y la cuenta 31,50 € tres personas, una maravilla..
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Damos una vuelta por el puerto y vemos los restaurantes con los pulpos y pescados secándose al sol, muy curioso.


Como hacía un calor de morirse, al apartamento a echar una siesta.
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Por la tarde de nuevo nos vamos a la calle y visitamos el castro, la zona antigua de la ciudad, llena de callecitas encantadoras. La muralla se conserva muy bien y en una de las puertas de acceso se conserva una marca en una de las jambas que es la medida de la yarda veneciana, donde los comerciantes de paños medían su mercancía.

Medida de la yarda veneciana
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Vamos a cenar al Meltemi, otro restaurante que habíamos leído estaba bien, en la C/ Nikos Lagogianis, cerca de la playa de San Jorge. Vino de la casa, birras, melitzanosalata (pasta de berenjenas que se come con pan), croquetas de calabacines (nos parecieron tan estupendas las de por la mañana que repetimos), boquerones fritos (como si estuviese en Cádiz) y una pasta de aceitunas para untar en el pan por el módico precio de 25 € tres personas y además nos invitan a chupitos. Una maravilla comer en Grecia. Con la barriga llena nos dimos un paseo hasta la playa y después por el pueblo, que es bastante laberíntico y con callecitas que a veces no superan los 3 metros de longitud. Mi santo no hace más que hablar por los codos, está disfrutando una barbaridad y encima le dicen a cada rato que habla muy bien. Mientras mi cuñada y yo mirando tiendas y paseando. Cuando estamos que no damos más de nosotros, nos vamos a nuestro patio a estrenar la botella que nos agenciamos en la T4, compramos cocacolas y hielo y velada perfecta. 

Lo único que podemos objetar al patio, es que si tienes vecinos insolidarios como a nosotros nos tocaron, llegan a las cuatro de la madrugada, se sientan en el patio, ponen música y hablan a grito pelao. En todo caso no se le puede objetar al patio nada, qué tontería, es más bien la poca educación del personal (hubo suerte y acabaron yéndose a dormir). Mañana será otro día.

Domingo 5 de Julio de 2009
Nos levantamos y antes de desayunar, para evitar un poco el calor, que desde muy temprano hacía muchísimo, nos fuimos a ver el Museo Arqueológico. Muy buenas piezas con un montaje penoso, instalaciones antiguas tela, una cosa que odio, las vitrinas con mucho polvo en el interior. A pesar de todo, merece la pena.
De ahí a desayunar al paseo marítimo. Todo tiene pinta de clavada y así lo corroboran las terrazas que tienen los precios en el exterior. Como los estómagos ya rugen nos sentamos en un bar, el Randevoú. Nos dan la carta. El desayuno básico de café más pan: 5'95 €. Si quieres capuchino, 1€ más, si quieres doble expreso 0,80 cms. más, si quieres colacao 1€ más… y así todo. Nos traen pan para tres, escasillo. He de advertir que hay dos tipos de pan: el que llaman τόστ, que no es pan tostado, sino pan de molde (porque en griego τόστ significa eso, "sandwich", "pan de molde"); y un segundo, llamado en griego ψωμί, en inglés bread, que es pan del día. En ese momento decidimos darle uso a nuestro maravilloso patio y desayunar en él los días venideros.
Fuimos a por el coche alquilado, teníamos un Ford Fiesta y nos largaron un Panda; le dijo mi santo que un Panda era inferior y la tía decía que no, que era la misma categoría. Total, como nuestro objetivo es que fuese un coche pequeño, que no nos diese problemas de aparcamiento, allá que nos fuimos en el minipanda.

Nuestro bólido
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Para las visitas de la isla hay un mapa gratuito que consideramos el mejor, es el "mapa cultural de Naxos", que Vángelis, el dueño del hotel nos facilitó.
Nos vamos en dirección Iria, donde vemos un yacimiento que tiene un templo de Dioniso y un sistema de paneles para explicar las distintas fases del templo muy curioso y muy bien ubicado, de material transparente, así que ves a la vez el templo real y la explicación.
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Tras ver el yacimiento y un nimimuseo que una chavala que trabaja allí amablemente nos enseñó, tiramos dirección Galanado para buscar la Torre de Belonia, un refugio que construyeron contra los piratas. Llegamos donde se suponía que estaba el sitio pero no la veíamos; ya por fin, vimos que estábamos al lado, y es que al no ser una torre al uso de las que vemos por aquí (tipo torre atalaya), fue difícil reconocerla. Es una especie de caserón fortificado, que además en este caso, es propiedad privada y tiene una valla que apenas deja verla. Así que si vais a Naxos, pasad de la Torre Belonia.

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De ahí continuamos en dirección a Sangrio en busca de Gyroulas, que está muy bien indicado, para ver el Templo de Deméter, que aunque bastante reconstruido está bastante bien, el paisaje además es precioso. Eso sí, un solano increíble y las chicharras sonando de forma exagerada. Tiene un museito muy moderno y didáctico.
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Las distancias en las islas son cortísimas y a veces te preguntas si ya es eso lo que vas buscando, pues en el mapa da sensación de estar mucho más lejos todo. En el caso de Naxos el paisaje que nos acompaña hoy es muy verde y muy montañoso.
Después pasamos por Sangrio, que son tres aldeas muy cercanas. Quisimos ir a Kaloritsa, una cueva subterránea con frescos, donde los monjes enseñaban griego durante la dominación turca, al lado de la torre Bázos, así llamada por la familia que en el s. XIX compró el antiguo Monasterio de Timios Stavros (que significa "de la santa cruz"). Dejamos el coche en la carretera, junto al cartel que indicaba la cueva y nos fuimos por un carril. Allí nos salió un perro asesino que si no llega a estar amarrado nos devora. Sale una señora, nos advierte que nos hemos equivocado de carril y nos indica por dónde es, que son 20 minutos de subida y nos dice que está cerrada. Ante la perspectiva de una larga subida para no ver nada y teniendo en cuenta que haría como unos 45 grados desistimos de ver la cueva, otra vez será. La torre también estaba cerrada... en fin.
Continuamos hacia Halkí la atravesamos porque queremos primero visitar la que dicen es una de las iglesias más importantes, Panagia Drosiani, dirección Moní (cuidado, no la dejéis atrás, porque se encuentra antes de llegar a Moni, a la dcha. en una curva); es una iglesia con frecos bizantinos y una forma muy rara que recuerda a Gaudí. Una señora malencarada nos recibió y nos invitó a comprar una guía de la iglesia, una estampita de no sé qué santo y a encender una vela. Yo hubiese encendido la vela y se acabó. Mi santo, que se apura cuando ven que le ponen mala cara, raudo y veloz compró la guía de 5 €, yo lo miré con cara de pocos amigos y no compramos nada más. Encima la señora seguía con la mala cara porque no habíamos pagado la estampita del santo a 2 €, en fin. Vimos la iglesia, que es rarísima y merece la pena y nos fuimos bajo la fulminante mirada de la señora que cuidaba aquello.
De aquí nos fuimos dirección Halkí donde comimos estupendamente en la Taverna O Giannnis: ensalada de tomates, especial halkí –carne en salsa con arroz-, melitzanosalata, queso feta y yogur con miel 37,50 para tres personas.

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Para bajar la comida nos fuimos a Apiranthos, un pueblo famoso por tener todas sus calles con adoquines y losas de mármol. Paseo por el pueblo, con un calor de morirse.
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Después de esto nos hace falta un bañito. Buscamos la playa de Motsuna por una carretera de montaña. Damos varias vueltas y por fin llegamos a una que no sabemos cuál era, pero que estaba sola (ni un alma) y el agua transparente total, así que allí nos quedamos.


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Vuelta a Chora al anochecer. El camino nos ofrecía unas estampas muy parecidas a los pueblos blancos de aquí de la Sierra de Cádiz.
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Ducha y cena en el Metaxí mas: pulpo, croquetas de tomate, melitsanosalata, queso feta, vino y birras 25 € tres personas.
Después nos fuimos a tomar una copa a un bar: Café Jazz, un garito regentado por una inglesa malencarada y donde trabaja una chica muy simpática de San Sebastián que nos atendió y estuvo un ratillo de charla. En el mismo garito una pareja de luna de miel de Asturias con los que estuvimos echando un ratillo.
Al hotel a dormir.

Lunes 6 de Julio de 2009
Me levanto muy temprano y me voy a hacer fotos por el pueblo.

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Compro los avíos del desayuno en el supermercado local y un pan con una pinta buenísima en una panadería que está cerca del hotel. Desayunamos en nuestro patio y nos disponemos a empezar el día.
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El día antes Vángelis, el dueño del hotel, nos dijo que si queríamos pagar con tarjeta teníamos que ir a Gallini, porque allí no tenía datáfono, aunque sí podíamos pagar en efectivo. Le dijimos que preferíamos usar la tarjeta. Es increíble como confió en nosotros, pues no nos pidió ni DNI ni pasaporte ni ninguna señal. Llegamos al Hotel Naxos Filoxenia y Vángelis muy amablemente nos lo enseñó, nos ofreció algo de beber y estuvo de charla con nosotros (más bien con mi santo) un buen rato y hasta nos regaló un bote de mermelada hecha con fruta de su huerto.

Pagamos lo que debíamos y nos indicó cómo llegar al monasterio fortificado de Ipsilotera del siglo XVIII. Está cerrado, así que lo vemos por fuera.
Volvemos a Gallini y a 10 km está el monasterio de Faneromenis. Entramos y vemos un cartel que dice que toques la campana y esperes. Así lo hacemos; mientras, llegan dos parejas más. Aparece un monje delgadísimo, barbudo y calvo con un hábito no especialmente limpio. Nos da la bienvenida muy efusivamente y nos invita a entrar. Nos “sugiere” encender una vela y lo hacemos al momento (éste al menos es simpático). Al entrar un olor a pis bastante nauseabundo se nos coló a todos por la napia. El monje nos señaló arriba a las vigas alertándonos que nos podía caer desde arriba caquita/pis de los murciélagos que vivían allí (entendimos que de ahí el olor). Ya después nos contó la surrealista historia de que los murciélagos hablaban entre ellos y que a él lo conocían!! Mi santo nos iba traduciendo lo que podía, pues el monje hablaba a más revoluciones de la cuenta. Yo escuchando la amistad que profesaba con los murciélagos pensé "O mi santo se ha tomado un tripi esta mañana y no se entera, o el monje tiene una plantación de plantas alucinógenas"; una vez aclarado que mi santo no había consumido estupefaciente alguno le di credibilidad a mi segunda tesis.

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Nos enseñó una iglesia que conserva un iconostasio del XVII; el resto de la iglesia tiene pinturas recientes bastante chulas representando los misterios.

Nos pasó a un patio donde había una mezcla de todo, muy almodovariano, cuerdas colgadas con banderines triangulares como si hubiese habido una verbena, unas coronas de flores de plástico un poquito tenebrosas, una mesa con sillas de enea y otras de diferentes familias. El buen hombre tenía una fiambrera en el patio y la abrió ofreciéndonos unas golosinas muy parecidas a las delicias turcas. Una no es demasiado escrupulosa, pero entre que el hombre no tenía un aspecto muy limpio y el olor a pis de los murciélagos me hice la tonta y no cogí (y mira que me da apuro a mí ese tipo de cosas). Seguidamente abrió una botella de agua de plástico con algunas campañas encima, no conservaba ya ni la etiqueta de papel inicial y nos ofreció agua de allí del monasterio. Estaba la mitad congelada y la mitad no y en fin, viendo las intenciones del buen hombre me aparté del grupo como curioseando el patio y me libré de beber el agua. Mi santo y mi cuñada no pudieron escaquearse, a día de hoy no presentan síntomas de nada.
Una de las parejas que se adosaron a la visita se fue, y quedó la otra; él era arqueólogo griego, entonces el monje nos metió a todos en una especie de museo que tiene para poderle preguntar al chaval datos sobre lo que allí tenía. El contenido del museo era tan peculiar que mezclaba pilas bautismales, con alambiques, con jarros de hojalata, con ánforas micénicas, un “totum revolutum” sin ningún orden ni concierto. Al salir le regaló un libro al arqueólogo y otro a mi santo (a los que no hablábamos griego pensaría el hombre que no nos interesaba).
Los exteriores del monasterio estaban muy cuidados, todo blanquísimo, árboles, huerto, flores… todo muy agradable.
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De ahí nos fuimos a buscar la Torre Agia por una carretera de montaña desde donde se veía el mar y las islas cercanas, un paisaje realmente precioso. Llegamos a la torre, pero comprobamos que tenía un acceso bastante complicado, así que desistimos. De todas maneras la vista desde la carretera merece la pena.
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Después nos fuimos dirección Apollonas. Antes de entrar al pueblo hay un desvío señalizado que te indica que allí está el Kouros de Apollonas, una enorme estatua masculina de 10 metros de larga que probablemente fruto de un fallo al tallarla quedó allí tumbada desde el VI a. C. hasta nuestros días; es impresionante. Desde allí las vistas de Apollonas, que es un precioso pueblo pesquero, son alucinantes.
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De ahí al pueblo a comer; habíamos leído que se comía bien en el Restaurante Apollon y lo encontramos en el paseo marítimo, a cinco metros literales del agua. Nos sentamos y pedimos, ensalada de tomate y pepinos, sardinas (las mejores que he comido en mi vida), calamares, ntolmadaquia –rollitos de arroz envueltos en hojas de parra- y yogur (no recuerdo el precio pero en la línea de lo que viene siendo habitual).
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De la mesa caímos al agua, chapuzón y en busca del Kouros de Flerios al que llegamos tras pasar por algunos pueblos y una gigantesca cantera de mármol. Este kouros es más pequeño que el de esta mañana pero está mejor terminado. No se sabe si está allí por fallo al esculpirlo, o porque se les rompió la pierna al bajarlo o porque la persona que lo encargó muriera y el encargo se quedara ahí para los restos. 

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Más arriba, tras recorrer un caminito de escaleras con un torrao de la leche, hay otro coloso derribado, éste sí parece que estuvo de pie, pero algo pasó que allí quedó.

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Nos volvemos para Chora porque es nuestra última noche allí y queremos ver la puesta de sol en la Portara, precioso el momento. (Devolvimos el coche, nos dimos una) ducha y cenita en el agradable patio del restaurante O Apostolis (al ladito de Metaxi mas). Los platos en este restaurante son más abundantes todavía; cenamos ensalada de lechuga, tomates rellenos –gemistá-, musaka especial y unas salchichas típicas a la brasa –loukánico-, la cuenta 31 € con propina y encima nos invitaron a un helado de postre que ni nos cabía, pero finalmente cupo.
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Siguiente capítulo: Santorini.