Del 17 al 20 de febrero
hemos hecho una escapada a Valencia, una ciudad a la que teníamos ganas de ir.
Aprovechando las fiestas de los Carnavales de Cádiz pudimos irnos un viernes
para volver un lunes, con lo cual el billete de avión Sevilla-Valencia con Ryanair
nos costó 21 € a cada uno todos los gastos incluidos, como para no ir!
La excusa era un evento
relacionado con la profesión de mi santo, que era el domingo. Aparte nos
dedicamos a visitar a la parte de mi
familia que vive allí, así que nos quedó poco tiempo para patear la ciudad,
pero bueno, nos ha servido para un primer acercamiento a Valencia.
El alojamiento, como
siempre, lo buscamos por Internet y dimos con una cadena de hoteles-apartamentos Valencia Flats, que están muy bien, modernitos y bien de precio, 57 € la
noche. Hay varios por toda la ciudad, nosotros escogimos el 50Flats, situado
en la calle Espinosa, cerca de la parada
de metro Ángel Guimerá.




Llegamos el viernes temprano y puntuales al aeropuerto y pillamos metro hasta el apartamento. El
check-in no se hace hasta las 16:00 pero como tenían apartamento libre nos
dieron uno. Soltamos la maleta y a la calle. Nos fuimos paseando y el primer sitio que encontramos que nos sonaba de
haberlo visto en las guías fue el Mercado Central al que entramos por un puerta
trasera; es un magnífico edificio
modernista inaugurado en 1928; tiene 8.000 metros cuadrados y el centro del
edificio está cubierto por una gran cúpula muy bonita, decorada con cerámica
valenciana. Tiene casi mil puestos (más concretamente 959) distribuidos a lo
largo de calles rectas atravesadas por dos vías más anchas y de todos los
mercados que he visto, éste es uno de los más bonitos, ordenado y amplio. Tiene
en su tejado dos veletas, una con un pescado y otra con una cotorra.
Trasera del Mercado Central, al lado la Iglesia de
los Santos Juanes
Entrada trasera al
mercado Central
Lateral Iglesia de los Santos Juanes
Veleta
Interior
Salimos y pusimos rumbo a la Plaza del Mercado, que
estaba allí al lado y que es donde da la fachada principal del Mercado Central, cuya espectacularidad
hace que sea uno de los atractivos de la Plaza del Mercado, junto a la Iglesia
de los Santos Juanes y a la Lonja de los Mercaderes. Esta plaza ha sido
cementerio islámico, zona de extramuros en el siglo XIV, patíbulo para ajusticiar a los condenados desde el siglo
XV a la regencia de Mª Cristina y escenario de corridas de toros Es pues uno
de los focos históricos y monumentales de Valencia.
Entrada principal del Mercado Central
Typical spanish



La Lonja de los Mercaderes o de la Seda es el
edificio, podríamos decir, más representativo de la ciudad, por su belleza y por
su significado histórico. Es uno de los más notables ejemplos de gótico civil a
nivel europeo. Surge como resultado de la riqueza y el esplendor alcanzados por
la oligarquía mercantil, que en el siglo XV vivía en Valencia, la ciudad más
poblada de España por aquel entonces. A iniciativa del Consejo General de la
Ciudad se empieza construir en 1483, pues no tenían un edificio donde realizar
las transacciones comerciales. Sus arquitectos fueron Pere Compte y Joan Ibarra
y las obras duraron 15 años. Tanto en las gárgolas, como en las arquivoltas y
parteluces se pueden observar un gran número de esculturas de carácter
naturalista que muestran animales, monstruos, seres fantásticos, figuras
humanas, etc.; hay muchas escenas muy irreverentes de índole sexual e incluso
escatológica. Llegamos y nos ofrecieron la posibilidad de hacer una visita
guiada de unos 20 minutos que iba a comenzar en un rato y decidimos hacerla.
Nos tocó una guía muy buena que lo explicó todo muy bien, sin detalles
aburridos pero sí con la información más interesante, recomiendo la visita
guiada. Mientras, nos quedamos admirando y fotografiando la Sala de Contratación,
que es el espacio que hay nada más acceder a la Lonja; es un espacio amplísimo
con ocho preciosas columnas helicoidales que sustentan una bóveda de crucería
en las que aun se pueden observar restos de la policromía original. De ahí nos
pasaron al Consulado del Mar, donde se reunían los cónsules comerciales para
tratar asuntos mercantiles y marítimos. Pasamos al Patio de los Naranjos y por
una escalera monumental accedimos a la Cámara Dorada. Al bajar visitamos las
Caballerizas, puestas en valor hace poco tiempo.

Escudo real
Detalle de ventana de la Sala de Contratación
Enfrente de la Lonja está la Iglesia de los Santos
Juanes de estilo barroco, que estaba cerrada, así que no pudimos entrar.
Una vez acabada la visita salimos a la plaza y
fuimos a ver la Plaza Redonda, allí al lado, pero está totalmente en obras, así
que nuestro gozo en un pozo, no pudimos verla al estar totalmente vallada.
Seguimos andando y llegamos a la Plaza de la Reina,
donde al fondo se veía la fachada de la Catedral y su imponente torre
campanario conocida popularmente como el “Micalet” o Miguelete. La Catedral es
del siglo XIII; como otras tantas se construyó sobre una mezquita, que a su vez
se había levantado sobre un templo romano dedicado a Diana. No tiene un estilo
dominante, observándose elementos románicos, góticos y barrocos; tiene tres
portadas: la de la Almoina, que da a la Plaza del mismo nombre, la de los
Apóstoles, que da a la Plaza de la Virgen y la de los Hierros que la que está
en la Plaza de la Reina.
Plaza de la Reina con la Catedral y el Micalet
Torre de la Iglesia de Santa Catalina, de estilo
barroco
Puerta de los Hierros
El “Micalet”, como ya hemos dicho, es la
torre-campanario de planta octogonal construida entre los siglos XIV Y XV y es
de estilo gótico, que contrasta con la portada de los Hierros, de estilo
barroco. Un escalera de caracol de 200 peldaños te sube a su azotea, pero como
es la hora de comer lo dejamos para mañana. Ah, he estado buscando de dónde
viene el curioso nombre por el que se conoce a la torre y he visto dos
explicaciones: una que es debido a que en su terraza está la campana San Miguel, la principal de las 13 que hay, y otra es que fue bendecida el 29 de
septiembre de 1418, día de San Miguel. Si alguien conoce la verdadera que me lo
diga. Así salgo de dudas.
Salimos por la puerta de los Hierros y bordeando la
catedral llegamos a la Plaza de la Virgen, una plaza bastante sui generis. Lo
más llamativo es la portada de los Apóstoles que tiene anexa una arquería de
estilo renacentista que corona el ábside de la catedral, una cosa rara, no lo
había visto en ninguna parte. Junto a esta puerta de la catedral se reúne todos
los jueves desde hace 1.000 años, a las 12:00 en punto, el "Tribunal de las Aguas" o “Tribunal de las Aguas de la Vega de Valencia”, una de las
instituciones de justicia más antiguas de Europa declarada en 2009 Patrimonio Cultural Inmaterial de la
Humanidad por la UNESCO; está formado por ocho agricultores elegidos
democráticamente cada dos años por los regantes de la huerta. Cada jueves se
resuelve algún conflicto surgidos por el uso del agua de riego; la sentencia es
inmediata y sin posibilidad de apelación. Los miembros del tribunal se sientan
en semicírculo y se visten con el blusón típico valenciano. Debe de ser muy
curioso de ver, pero al llegar en viernes, otra vez será.
Al lado de la portada y separada por una calle está
la Basílica de Nuestra Señora de los Desamparados, unida a la catedral por un
pasadizo sustentado por un arco renacentista. Su fachada está en obras, así que
está tapada totalmente. El centro de la plaza está ocupado por el monumento al
río Turia, en el que un grupo de doncellas vierte a la fuente central el agua
que sale de los cántaros y el centro está ocupado por el padre Turia, que
tiene en la mano un cuerno de la abundancia. Se inauguró en 1976.
Puerta de los Apóstoles y balaustrada de la girola
Si se sigue rodeando la catedral, y pasando por
debajo del arco que une la catedral con la basílica de la Virgen de los
Desamparados se llega a la Plaza de la Almoina, que ha sido remodelada
recientemente. Uno de los laterales está ocupado por el Centro Arqueológico de la Almoina, que alberga en su interior importantes restos. Entramos y quedaba
poco para el cierre, por lo que decidimos dejarlo para el día siguiente. Otro
edificio que destaca en la plaza es la preciosa Casa del Punto del Gancho, con
un fondo granate con motivos florales, es de principios del siglo XX y es uno de
los primeros edificios modernistas de la ciudad.
Plaza de la Almoina
Cimborrio de la catedral
Palacio
Arzobispal
Maqueta de la Plaza de la Virgen y de la Plaza de
la Amoina
Puerta de la Almoina
Casa del
Punto del Gancho
Cómo ya teníamos hambre nos retiramos un poco del
centro y estuvimos de tapeo; cuando llenamos la panza fuimos al apartamento al
apartamento a descansar un rato, que llevábamos desde las cinco de la madrugada
en pie.
La tarde y la noche la dedicamos a merendar y cenar
con amigos.
El sábado volvimos a dar un paseo por el centro.
Subimos a la terraza del Micalet, que ofrece una estupenda panorámica de
Valencia. La escalera tiene 200 peldaños y la escalera, como la de todas las
torres es de caracol; en un principio pensé no subir, que a mí me dan vértigo
esas escaleras, pero como me da rabia perderme siempre las estupendas vistas
decidí echarle valor. Para los/las que les pase lo mismo os diré que la
escalera en su mayor parte es ancha y no agobia, solamente al final se estrecha
un poco la cosa, pero en ningún momento lo pasé mal, bueno, confieso que tuve
que hacer una parada porque parece que no estoy muy en forma. Las vistas espectaculares, las fotos hablan por sí
solas.
Vistas desde el Micalet de la Plaza de la Reina
Destaca la Torre de la Iglesia de Santa Catalina y
detrás la Plaza Redonda
La Ciudad de las Artes y las Ciencias al fondo
Cubierta de la catedral con el cimborrio
Plaza de la
Virgen
Vistas con las Torres de Quart al fondo
De ahí fuimos al Centro Arqueológico de la Almoina,
preguntamos los horarios y como faltaba casi media hora para el siguiente turno, decidimos ir a ver la Torres de los
Serranos, que junto a las de Quart, son los vestigios que quedan de las
murallas medievales. Volvimos al Centro Arqueológico y entramos. La urbe romana
se funda en el 138 a.C.. Los restos están bastante bien conservados y puestos en valor los
restos conservados; los paneles explicativos son muy claros y hacen que se
pueda interpretar a la perfección lo que estamos viendo. No permiten hacer
fotos, pero se pueden ver restos de termas, ninfeo, foro, cardo, decumanus,
necrópolis, etc.; también hay restos de época visigoda y vitrinas con objetos
pertenecientes a la excavación. Merece la pena dedicarle un rato a la visita de
este yacimiento.
Como ya llegaba la hora de comer, y habíamos quedado para
comer con la familia, pillamos el metro. Por la tarde noche dimos un paseo por
el Barrio del Carmen, un barrio típico que guarda aún el sabor del pasado,
que conserva muchos comercios tradicionales que conviven con las tiendas de
moda y muchos bares y restaurantes de diseño. Muy recomendable este paseo.
El domingo solo teníamos una parte de la mañana
libre, pues después debíamos ir al Cabañal para asistir al evento al que iba mi
santo. Yo tenía interés en ver el Museo Nacional de Cerámica Gonzalo Martí,
ubicado en el Palacio del Marqués de Dos Aguas, así que fuimos para verlo; los
domingos es gratuito. Nuevamente nos encontramos la fachada en obras (ya van unas
cuantas), aunque han dejado al descubierto la impresionante portada, algo es
algo. Es un palacio del siglo XV construido por la familia Rabassa de Perelló.
En la portada se observan dos atlantes que vierten agua con dos vasijas en
clara alusión al título nobiliario de la familia y a los ríos Turia y Júcar.
Arriba una imagen de la Virgen del Rosario rodeada de flores, sirenas y frutos.
En la planta baja hay un bonito patio y la sala que
ahora alberga los carruajes de la familia, impresionantes.
En la primera planta se visitan las diferentes
estancias del palacio que habitaron sus dueños: sala de bailes, comedores,
dormitorios, salón chino, salón rojo, etc. En la segunda planta está la
exposición de cerámica, ordenada cronológicamente. Destaca los elementos
cerámicos arquitectónicos y una recreación de una cocina valenciana. Igualmente
es importante la colección de cerámicas de Alcora, Paterna y Manises. La última
vitrina contiene cerámica decorada por Picasso. Hay una cúpula muy chula con
pinturas de Hipólito Rovira. El museo está muy bien, aunque ya podrían quitar
de en medio unos muebles monstruosos con unas pantallas de ordenador, que en su
momento debieron de funcionar, pero que ahora lo único que hacen es afear el
espacio expositivo. Las vitrinas se ven algo anticuadas, pero lo verdaderamente
importante, que es la colección, está muy bien.










Al salir pillamos el metro hasta la Playa de las
Arenas, para dar un paseo por el Barrio del Cabañal o Cabanyal. Este metro
tiene su aquel; hay que bajarse y salir al exterior para proseguir el viaje en
un metro de los que van por la superficie; en la parada exterior hay unas
máquinas donde volver a picar el billete sin que te cobren pues es transbordo; pero como no las vimos hasta pasados 10 minutos o más desde que llegamos, nos
cobraron de nuevo el billete, grrrrr.
El Cabañal es un antiguo barrio marítimo de la
costa valenciana, cuyos orígenes se remontan al siglo XIII, época en la que se
instaló aquí un grupo de pescadores. A finales del XIX y principios del XX
sufrió una transformación urbanística importante. Con la prohibición en 1871 de
reparar las antiguas barracas por el riesgo de incendio, los afectados
empezaron a construir casas de nueva planta como las que había en los barrios
burgueses de Valencia. Imitaron el modernismo y el eclecticismo, usando mucho
los azulejos cerámicos para cubrir las fachadas. Junto a las viviendas humildes
se construyeron otras de más entidad, que eran las residencias de verano de los
burgueses. Además de los descendientes de los primeros pobladores, viven en
este barrio artistas e intelectuales y un porcentaje de etnia gitana llegados
del Este. Este barrio fue declarado Bien de Interés Cultural, algo bastante
paradójico si tenemos en cuenta los planes urbanísticos que pretenden prolongar
la Avenida Blasco Ibáñez para conseguir un acceso fácil a la playa. Esto
supondría el derribo de más de mil viviendas y dividir en dos un barrio que
según la Generalitat Valenciana está protegido. Las autoridades no invierten en
la rehabilitación de las casas ni de sus edificios para que el barrio se siga
degradando y así tener más argumentos para tirar buena parte de él. Hace unos
años se ha creado la plataforma
"Salvem el Cabanyal" que lucha contra los
planes de derribo y contra el abandono al que está siendo sometido el barrio.



El lunes por la mañana era nuestro último rato libre
antes de volver y decidimos ir a la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Antes
tuvimos que ir a casa de mis tíos a llevar el equipaje, pues almorzábamos con
ellos. Mientras fuimos y volvimos y encontramos cómo llegar se nos hizo algo
tarde, por lo que decidimos pasear por el recinto y dejar la visita al
Oceanografic, que es lo que nos recomendaba todo el mundo, para otra ocasión. La Ciudad de las Artes y las Ciencias está
construida en el tramo final del cauce del Turia. Es un conjunto de edificios
vanguardistas alineados, donde predominan los colores azul y blanco. Componen el
conjunto el Hemisférico, el Museo de las Ciencias Príncipe Felipe, el
Umbráculo, el Palacio de las Artes Reina Sofía, el Puente Azud del Oro, el
Ágora y el Ocenográfico y todos, a excepción del último, han sido diseñados por
Santiago Calatrava. Por supuesto todo espectacular, pero me jode mucho pensar
las veces que el señor arquitecto hizo modificaciones no incluidas en el
proyecto inicial, modificaciones que por supuesto se traducen en subir el
presupuesto de forma indecente, y oye, no pasa nada, se le permite, se aprueba
y palante, en fin…





























Me encantan las bolas del mundo, y ésta es chulísima
Por la tarde y después de una estupenda paella
familiar, nos fuimos al aeropuerto. El vuelo salió con puntualidad inglesa, por
lo que al aterrizar sonó la famosa trompetilla ryanairera.
Me ha sorprendido gratamente Valencia, nunca me
había atraído esta ciudad y reconozco que me he llevado una estupenda sorpresa
y que volveré con más tiempo para visitar el Parque Natural de la Albufera y lo
que no nos ha dado tiempo en esta visita.
Además de una estupenda escapada, vuelvo muy
contenta y encantada de haber conocido a gente tan estupenda como Kika, a la que conocía
virtualmente de un foro de viajes, a Helena del fantástico blog de viajes "Mi maleta y yo" , de haber vuelto coincidir con Laura y Vasilis y toda su comunidad filo-helena,
de volver a ver a mi familia valenciana y de echar un buen rato con la familia de
mi santo. Me ha gustado mucho conocer el
Centre Cultural L´Escola del Cabanyal ,
realizan una estupenda labor en el barrio. Para terminar agradezco a Funkyhouse sus consejos, gracias guapo!
Mis flamantes mascotas viajeras no han venido, pero
ya es hora de que se estrenen, aquí dejo esta foto :)
Hasta la siguiente escapada!!